La única alternativa sensata

Si algo nos muestra la historia reciente, es que los ciclos económicos son devastadores para las personas. Desde 1970, hemos sufrido las crisis del petróleo, el crash de las dotcom y una tremenda burbuja inmobiliaria. Y estos, son solo los más destacados eventos de una larga lista.
Los economistas modernos, pese a sus muchos modelos y planes de estímulo, acaban por ser poco más que otro impotente espectador. Incapaces de prever y prevenir las crisis, y poniendo en práctica planes a posteriori cuya efectividad resulta altamente cuestionable.
Parece ser, pues, que debemos aguantar los ciclos económicos “inherentes” del capitalismo. ¿O no?

Lo cierto es, que existe una alternativa. Cierto es, también, que tan solo una minoría de economistas la considerarían seriamente.
Este sistema, testado históricamente, puede de forma simple:
-Garantizar la estabilidad de la divisa
-Mantener la inflación/deflación al 0%
-Contribuir enormemente a reducir las tasas de interés.
-Aliviar los ciclos económicos, reduciéndolos a su mínima expresión.

Lo que propongo, es una idea que actualmente se consideraría altamente revolucionaría, pero no hace más de 50 años, era bien sabido que era el mejor sistema monetario posible. Hablo por supuesto, de una restauración y retorno a un sistema semejante al patrón oro. Digo semejante, porque lo cierto es que no existe un solo “patrón oro” del que se puede hacer referencia. A lo largo de la historia se han presentado diversas formas de manejar divisas según las “reglas” del patrón oro. Cada forma de este sistema, puede ser apropiado según las circunstancias de cada país.

Entender y apreciar el atractivo del patrón oro, significa entender la esencia y función del dinero, según lo que podríamos llamar el paradigma clásico.(Algo que ya revisamos anteriormente en The Value of Money) Esto es, que lo que se entiende como dinero, pudiendo tomar diversas formas, debe poseer la calidad de ser una unidad estable de valor.
Si comprendemos que la función del dinero es actuar como medio de cambio, podemos entender los grandes beneficios que aporta una unidad de cambio cuyo valor sea estable. Al fin y al cabo, cuando hacemos una transacción con dinero, estamos realizando dos juicios. Primero, hacemos un juicio sobre el valor de lo que queramos comprar o vender. Después, debemos valorar también lo que recibimos a cambio, lo que en ese momento se utilice como moneda de cambio.

Visto así, resulta más que evidente, que lo que se requiere de ese medio de cambio, es que su valor no cambie. Para ilustrar de forma simple este concepto, me gusta utilizar la siguiente analogía: El dinero, es como la regla que utilizamos para medir el valor de las cosas. Ahora bien, imaginemos que la regla con la que intentamos medir, estuviese sujeta a cambios cada día, como ocurre hoy con el dinero. Imaginemos que lo que conocemos hoy como un centímetro, mañana fuesen dos, y quizás pasado tres. Obviamente, dificultaría enormemente el proceso de medir las cosas. Transportando nuestro ejemplo a la economía, el hecho de que nuestros medios de cambio estén sujetos a constantes cambios en su valor dificulta enormemente el cálculo económico, entorpece las transacciones, e introduce una gran incertidumbre a la hora de comerciar internacionalmente.

Así pues, ¿Por qué renunciamos a todos estos beneficios ¿Qué bien se puede desprender de tener una divisa “flotante”?

Lo cierto es, que la situación en la que nos encontramos ahora, no fue ninguna decisión premeditada, sino un mero accidente de la historia. Con la caída del tratado de Bretton Woods, las divisas del mundo, antes atadas al dólar, que a su vez estaba atado al oro a un nivel de 35$ por onza de oro, pasaron a ser divisas flotantes. Sin ninguna referencia que las anclara, los tipos de cambio fluctuaban, y aún lo hacen, en todo momento.

Los economistas modernos, suelen preferir este modelo a uno de tipos de cambio fijos. Según el modelo keynesiano/mercantilista, esto proporciona la “flexibilidad” para modificar aspectos de la economía cuando se presente necesario. Dicho de otra forma, estos economistas creen que a través de modificar y jugar con la oferta monetaria, pueden “ayudar” a la economía del país. Ya sea a través de una devaluación, intentando facilitar el crédito, o simplemente recurriendo de forma abierta a la inflación para intentar estimular el consumo.

En el largo plazo, estas acciones acaban por no tener ningún efecto. Tan solo se puede engañar a la población durante un tiempo. Si la moneda se devalúa en un 100%, es solo cuestión de tiempo que los precios se doblen.

En el corto plazo, los resultados son aún peores, creando desequilibrios en la economía que acaban siendo devastadores. En resumen, pese al variado caleidoscopio de recetas que proponen estos economistas, manipular la oferta monetaria no puede impulsar la economía.

El crédito barato lleva a la malainversión, las devaluaciones son un juego de suma cero, y la inflación no es más que un impuesto sobre nuestro dinero.

Lo que propongo pues, es muy simple, ni siquiera requiere un cambio institucional, tan solo que las instituciones presentes, la Reserva Federal, el ECB…cambien el criterio que utilizan a la hora de regular sus monedas. Actualmente, la oferta monetaria se ajusta según los deseos del Banco Central, normalmente suele ser para conseguir una tasa de interés “X”. Pero si se requiere, también se puede utilizar para el QE, o para monetizar la deuda nacional. La gran pérdida, es que el valor de la moneda, cae en un segundo plano, con tendencia a depreciarse a lo largo del tiempo, lo cual responde a las tendencias inflacionistas de las prácticas monetarias modernas.

Lo único que se necesitaría, pues, es que el criterio que se utilice para manejar la oferta monetaria, sea el de mantener la estabilidad de la moneda. Esto significa mantener la estabilidad con el oro, siendo los metales preciosos históricamente las reservas de valor más estables. De esta forma, lo que hoy se conoce como operaciones de mercado abierto, se utilizarían para estabilizar el valor de la moneda con su paridad de oro. Digamos que 20 euros están definidos como una onza de oro, por ejemplo. Si la confianza en el euro, por alguna razón descendiese, y el valor empezase a bajar, se realizaría una operación contractiva, lo que equivale a reducir la oferta monetaria, para aumentar el valor del euro. Por el contrario, si la economía se expande y hay más demanda de euros, se realizaría una operación expansiva, aumentando la oferta monetaria.

El proceso es simple, y el concepto también. Las muchas ventajas y beneficios de mantener el valor estable ya han sido enumerados aquí, y la evidencia histórica lo demuestra. La parte difícil, es lo que estamos haciendo aquí, intentado demisitifacar el patrón oro, e intentando romper con las preconcepciones que hoy se nos inculcan desde pequeños.

James C. Foord, estudiante de economía en UPF y editor de Pompeunomics.

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