Decepcionante DRaghi

Hace unos días, el BCE, tras un largo periodo de inactividad, decidió reactivar su política monetaria. Con el supuesto propósito de evitar la deflación, o la nueva acuñada terminología, lowflation (inflación peligrosamente baja), el BCE ha optado por reducir el interés a su mínimo histórico, situándolo en el 0.15 por ciento. Además de esto, ha establecido un tipo de interés negativo para la facilidad de depósito, es decir, que ahora los bancos tendrán que pagar por los depósitos que tienen en el BCE, lo cual debería incentivar la concesión de créditos… También se a detenido la absorción de liquidez de los programas de compra de deuda que se pusieron en marcha para solventar la crisis de la deuda soberana. Finalmente, Draghi ha decidido también reabrir su “Barra libre”, concediendo a ciertos bancos una línea de crédito casi infinita,( Los llamados LTROS) en proporción a la cantidad de préstamos concedidos al sector privado, PYMES y hogares.

Esto es lo que el BCE considera que es la mejor manera de ayudar a la economía, mas sus intenciones, andan descaminadas en dos vertientes.

Mario Draghi-euro

La primera, es que el mayor supuesto que justifica la acción del BCE, es la deflación. La mayoría de economistas “mainstream” perciben la deflación como el mayor de los males que existen. Sin embargo, sus temores son infundados. La deflación, supone una bajada de precios, lo cual de por si solo, parece todo lo contrario, una bendición. En la práctica, una deflación supone un mayor poder adquisitivo para los ciudadanos, lo cual es ciertamente preferible a la inflación. Pero más importantemente, lo que tanto el BCE como la mayoría de bancos centrales del mundo desestiman, es que precisamente ahora, una deflación es lo que debería acometer a las economías occidentales. Sería más acertado llamarlo desinflación, ya que responde al reajuste de los precios tras el periodo inflacionista anterior a la crisis. Básicamente, siendo este un periodo de desapalancamiento, la destrucción de la deuda supone menos “dinero circulante” por así decirlo, lo cual llevará asociado una sana y necesaria reducción de ciertos precios. Dicho de otra forma, al haber menos dinero persiguiendo la misma cantidad de bienes, los precios nominales es normal que bajen.

El segundo error que comete el BCE, es el de pensar que el problema que persigue a la economía Europea, es una falta de crédito. Esto no es así, el crédito abunda, y es evidente por las grandes reservas que atesoran los bancos. Lo que falta es demanda de crédito. En este sentido, lo que faltan son buenas oportunidades de inversión, lo cual el BCE, desgraciadamente, no puede imprimir. El proceso de continuo refinanciamiento, es además terriblemente perjudicial, ya que prolonga el necesario desapalancamiento. La economía Europea, que viene de un proceso de sobreendeudamiento y desajuste de su cadena productiva, necesita que los proyectos, y en general , la deuda superflua, sea eliminada, permitiendo así la reorientación de los recursos ociosos ocupados en estos proyectos, en aquellas oportunidades de inversión productivas. Al extender crédito indefinidamente, el BCE bloquea este proceso y no deja que florezca la innovación, manteniendo, como ya hemos dicho, recursos ociosos empleados en actividades inproductivas.

Quizás la única razonable preocupación del BCE, sea la de que el euro esté, sobrevalorado. Aunque esto es engañosos, ya que realmente, son las demás divisas, como el yen y el dólar, las que se están devaluando. Si que es cierto, pues, que los exportadores se verán beneficiados por una devaluación, pero lo contrario es cierto de los importadores. Es más, en un mundo crecientemente especializado, tales distinciones acaban por caer en la redundancia. En el complejo entramado de producción, una misma empresa puede depender de distintas importaciones para realizar su producto final. Pero si el BCE quisiese mantener un valor del euro a la par con el del dólar, no tendría más que ligar el euro al dólar, de la misma forma que lo hace a día de hoy Hong Kong, a través de un “currency board” sin necesidad de realizar un mix de acciones que, a grosso modo, se pueden calificar de expansivas, pero cuyos efectos pueden ser altamente indeterminados. Serán indeterminados, porque todo depende de lo que hagan los bancos con esta expansión de crédito. Pero si la historia reciente nos sirve de indicación, lo más probable es que la mayoría de estos fondos se destinen a comprar deuda soberana. ¿Por qué? Precisamente por lo que hemos dicho antes, porque la economía real sigue estancada, hay pocas oportunidades de inversión, y la deuda soberana ofrece una rentabilidad alta (sobretodo la de los países periféricos) y un riesgo prácticamente inexistente, habiendo dejado ya bastante claro el BCE, que hará todo lo posible por garantizar la solvencia de las naciones Europeas. No es sorprendente, pues, que la deuda de España sea ya más barata que la de Gran Bretaña. El BCE, sigue inflando la burbuja de la deuda soberana.

Pero si que existe la posibilidad de que parte del crédito sí se destine al sector privado. Más, de nuevo, el abaratamiento del crédito no creará mejores oportunidades de negocia, es más, al abaratar el crédito, lo que se permite es que se realizen inversiones de rendimiento muy bajo, con una gran inestabilidad y de carácter burbujístico.

A sabiendas de esto, podemos pensar dos cosas: O bien, el BCE, está compuesto por una panda de bien intencionados, pero desentendidos economistas, o, más probablemente, el BCE entiende perfectamente lo que hace y utiliza la excusa de la deflación y la economía como pretexto para ocultar su verdadera motivación, esto es, ayudar a los mercados e instituciones financieras.

En definitiva, a nivel económico, las acciones del BCE, suponen un agravante a la ya relantizada recuperación Europea y una perversión cada vez mayor del ya muy intervenido y controlado sistema financiero.

A nivel social, supone un envilecimiento del Euro y una violación de los derechos de propiedad de los ciudadanos, que sin alternativa, ven su poder adquisitivo reducido.

James Foord, estudiante de economía en la UPF, 21stcenturyeconomics.wordpress.com y editor de Pompeunomics.

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