Más que un liberal

A logoooomenudo en discusiones, a los liberales se nos llega ha acusar, erróneamente, de ser “egoístas o de “no tener corazón”. Es cierto, que a primera vista puede parecer así. Cuando los liberales afirmamos, por ejemplo, que no es necesariamente el deber del Estado amparar a aquellos más desfavorecidos, puede llegar a producir desde enfado hasta estupefacción.
El primero de estos dos, el enfado, radica en un sentimiento que es tan humano como el propio deseo de supervivencia, y se trata del deseo de bienestar social. El ser humano, es por naturaleza un ser hipersocial. Todos los humanos nos beneficiamos de vivir en sociedad, tanto por la protección que nos ofrece, como por el afecto que solo en ella podemos encontrar. Es de esperar, pues, que en nuestra naturaleza resida no solo el deseo de la propia supervivencia, sino también el deseo de la supervivencia de la especie, una clara preocupación, por lo tanto, por el bien ajeno, reside en nosotros, si bien en la mayoría de casos estará superpuesta al bienestar propio. Nos identificamos con los demás y su sufrimiento e intentamos pues minimizarlo. Es lo que se conoce como empatía.
He aquí el porque tu amigo parece dispuesto a arrancarte los ojos en estos momentos. A su entender, acabas de mostrar una conducta completamente atípica y antisocial, al decir que el Estado no debe amparar a los más necesitados. Una conducta que en su caso mas extremo, se conoce como psicopatía, es decir, una carencia total de empatía.
Pero lo cierto, no es que los liberales no tengamos empatía. El enfado que puede provocar la doctrina liberal es fruto de una falta de entendimiento.
Y es que susodicho amigo, seguramente, no puede ni vislumbrar una alternativa a que el Estado sea el responsable de proporcionar asistencia social. Al igual que pasa con la sanidad y la educación, se aferra al dogma de que el estado debe ser en última instancia responsable de proporciona estos servicios. Para él, bienestar es Estado, y por lo tanto menos estado supone menos bienestar. Craso error.
¿Pero por qué es tan común esta asunción?
Gran parte de  ello es resultado de la influencia externa, habiendo nacido en un mundo donde el Estado copa el 50% de la economía, es difícil imaginar como el sector privado podría desenvolverse en estas áreas. Más fácil es, por otro lado, asumir que las cosas son así porque sí, y que si son así será por una buena razón…
Pero en última instancia, cuando se trata de asistencia social, la mayoría de gente cae en una de las muchas contradicciones del socialismo. Y es que, a pesar de creer firmemente en la obligación moral de ayudar al prójimo, no verían posible que este tipo de acciones ocurriesen en una sociedad libre. Tan solo utilizando el monopolio Estatal de la fuerza, será posible coaccionar a los ciudadanos a hacer algo, que al parecer, todos consideramos un elemento esencial de la convivencia en sociedad.
En contra de esto, los liberales sabemos que, precisamente porque todos conocemos la importancia de ayudar a los demás, y tenemos tendencias altruistas en nuestra naturaleza, la asistencia social, sí que se daría en ausencia de Estado.
Esto es fundamentalmente mucho más lógico que lo anterior.
Pero si la lógica no te convence, tan solo hay que mirar la evidencia histórica en esta materia.
Algo que hace espléndidamente Juan Ramón Rallo, en Una revolución liberal para España.
Y es que, ya a comienzos del siglo XX, en Reino Unido, 3/4 partes de la población estaba amparada por alguna, o varias, de las más de 9000 friendly societies. Estas son asociaciones de ayuda mutua, creadas de forma completamente libre y voluntaria, que básicamente cumplen una función muy similar a la seguridad social de hoy. Pagando una cuota, estas sociedades de ayuda mutua, aseguraban a sus asegurados contra el desempleo, las bajas por enfermedad, la muerte de un familiar…
Esta forma de asistencia, basada en el asociantismo voluntario, era muy común, y no se limitaba al mundo anglosajón.
Además, la naturaleza de estas, aseguraba una distribución de ayuda más justa y eficaz que el actual proyecto asistencialista que llamamos seguridad social.
Para empzezar, la participación era voluntaria. Lo más común es que tales asociación se formasen entre comunidades de vecinos, o empleados de una fábrica. Es por eso, que estas asociaciones gozaban de una natura,esa verdaderamente benévola.
Muy distinto, es que el Estado nos arrebate forzosamente nuestro dinero, y luego lo reparta de una forma completamente impersonal. Desde la perspectiva del aportador, acaba de ser privado del placer de ver su dinero destinado a una buena causa. En cuanto al receptor, existe un problema de incentivos, y es que, al des personificar  al aportador, el receptor no dudará en intentar extraer el mayor número de rentas que pueda.
Esto no ocurría con las asociaciones voluntarias. Al poder ver claramente la procedencia del dinero (tus vecinos), era mucho menos frecuente que surgiera esta práctica parasitaria.
Es más, dichas asociaciones, contaban con mecanismo para asegurar que las ayudas se dieran a aquellos que lo merecían. Normalmente, las ayudas que podías percibir estaban sujetas a condiciones. Por ejemplo, si querías recibir ayudas por desempleo, tenías que estar buscando trabajo. Y es que además, al estar formadas por miembros de una misma comunidad, estos mecanismos de control podían llevarse acabo de forma muy efectiva.
En otras palabras, el intercambio de información que surge de manera natural en una comunidad, servía para evaluar y cuantificar las ayudas que se repartían.

En definitiva, podemos ver como el Estado toma una función que ya llevaba acabo el sector privado. Lo que en principio era un sistema basado en la empatía, la benevolencia y el deseo de ayudar a los demás, que el Estado convierte en una extracción forzosa de rentas, y una distribución ineficiente e impersonal de asistencia, que deja tanto al proveedor como al receptor insatisfechos.
Un sistema, que en vez de paliar la pobreza y la miseria, la perpetua a base de subvenciones.
Ser liberal, pues, va más allá de entender los fallos del Estado y las virtudes del mercado libre. Se trata de comprender la naturaleza del ser humano. Es fácil caer en la trampa de pensar que en un mundo libre, sacrificamos equidad por eficiencia. Pero no tiene porque ser así. Una sociedad libre, es más que capaz de promover la equidad y crear un mundo justo, que al fin y al cabo, forma parte del interés de todos.

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