El último ataque a la libertad

En el más reciente arrebato liberticida del gobierno, Fomento ha amenazado con sancionar a las empresas de transporte terrestre que operen sin la debida licencia administrativa. Empresas como Uber y Blablacar, han estado en el punto de mira de los políticos y la premsa estos ultimos días.
Antes de entrar en el tema, conviene hacer una rápida distinción entre las actividades de una y otra.
Por un lado, Blablacar ofrece un servicio gratuito, en forma de app, que permite que sus usuarios se organicen a la hora de realizar desplazamientos para reducir costes, entre otras cosas, compartiendo el coste de combustible.
Uber, ofrece un servicio algo distinto, poniendo a disposición de sus usuarios los servicios de taxista privados. La diferencia entre estas dos empresas es que en el primer caso, supuestamente, no se persigue un lucro, mientras que en el segundo sí. A efectos prácticos, sin embargo, es muy difícil establecer esta diferencia.
Volviendo al tema inicial, Fomento obligará a los conductores de Uber, o a la misma Uber, ha adquirir una licencia, del mismo modo que lo han de hacer los taxistas normales. El motivo que da Fomento para establecer está intervención activa , además de incluir estas actividades dentro de su marco regulatorio, es el de garantizar la calidad del servicio y su cumplimiento con la ley. Si este fuese el verdadero motivo, sin embargo, bastaría con que el Estado se encargara de certificar los vehículos, pero en ningún momento sería necesario que impusieran la autorización a partir de costosas licencias.
Así pues, llegamos al quit de la cuestión. ¿Cuales son los verdaderos motivos de esta nueva intervención?
Se trata simplemente de un ejercicio que práctica a menudo el Estado en aquellos mercados donde se le permite. Limitar la oferta y competencia a partir de la creación artificial de unos altos costes de entrada, esto es, las licencias de taxi que a día de hoy superan los 100000 euros de precio. Se crea así pues, un mercado oligopolistico, con una oferta menor y unos precios mayores de los que habría en un mercado libre. A través de sus acciones, el Estado y los taxistas, se apoderan de parte del excedente del consumidor, que pasa a formar parte de su propio beneficio.
Sin embargo, son comprensibles hasta cierto punto las quejas de los taxistas. Permitir a Uber operar sin atender a las ineficientes regulaciones e imposiciones del Estado, no sería jugar en igualdad de condiciones. La respuesta, empero, no pasa por incluir a Uber dentro del oligopolio formado por los actuales taxistas, sino en liberalizar completamente el mercado, permitiendo que cada cual ofrezca sus servicios de la forma que quiera y sin mas restricciones que las que impone la misma naturaleza del mercado. ¿Simple verdad?
Pero imagino que habrá muchas personas que piensen, como lo hace Fomento, que sin la intervención del Estado, no sería posible garantizar la calidad del servicio prestado.
De nuevo, podemos utilizar el mismo argumento de antes. Sin necesidad de cobrar por el simple hecho de querer participar en el mercado, el Estado podría simplemente someter a los conductores y sus vehículos a un examen para certificar que se adecue a los requisitos legales.
Mi propio visión, iría más allá, y afirmaría que ni siquiera es necesario que el Estado asuma esa función.
Los mecanismos del mercado para garantizar la calidad de los servicios, son varios, y por encima de todo, se adecuan a las opiniones de los mismos consumidores, y no a los estándares “legales” impuestos por un burócrata.
Los mismos usuarios de Uber y Blablacar, pueden evaluar y puntuar la calidad de los servicios prestados. En el mercado del transporte terrestre, esto suele bastar, como demuestra el éxito que tuvieron estas iniciativas privadas en Brasil. Sin embargo, si fuese necesario, también se pueden crear instituciones que se dediquen a certificar la calidad del servicio, normalmente, en el caso de que pueda existir información asimétrica, pero en ningún caso, es necesario, ni preferible, que el Estado cumpla esta función.
En conclusión, la aparición de Uber y Blablacar, son la respuesta del sector privado a la necesidad de los consumidores de reducir sus costes de desplazamiento. Nace pues, de la inventiva de los agentes económicos del sector privado, que interactúan libremente entre ellos.
Opuestamente, las acciones que pretende tomar el gobierno, actúan como freno al progreso y limitan, a través de la acción coactiva, la capacidad del mercado para mejorar el bienestar social.
Peor aún, esto supone una inaceptable violación de las libertades de los españolas y es tan solo una muestra más del pervertido sistema
“democrático” al cual estamos sometidos

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: