Principios de una sociedad liberal

Hay mucha gente a la cual le es absolutamente imposible comprender e imaginar como funcionaría una sociedad y una economía realmente libre. Es pues posible, que tan lejos haya llegado nuestra dependencia del Estado, que ni siquiera sería posible volver a este un Estado liberal, por lo atrofiada que se ha visto en la historia reciente la iniciativa y coordinación de los agentes privados.

Aunque no se diga de manera explícita, y muy a menudo se diga todo lo contrario, parece existir un consenso de que, si bien no los políticos y funcionarios por lo menos el llamado sector público, es capaz de hacer cosas que la propia iniciativa privada sería incapaz de conseguir. Luego cabe pensar, que los agentes del sector público, son de alguna forma superiores a los agentes del sector privado. La realidad, sin embargo, refleja todo lo contrario.

La gente, suele pensar que el liberalismo, es un sistema en el cual no existen instituciones ni control sobre nada, donde cada individuo es un lobo solitario egoísta. El problema, como ya he dicho antes, es que la gente piensa que tan solo de un modo centralizado, se pueden establecer agrupaciones de individuos que velen por el interés general. Mas de nuevo, la realidad no podría alejarse más de esta premisa. El ser humano, vive y se desarrolla en sociedad desde mucho antes de la formalización de los estados, y por lo tanto, no es correcto pensar que una sociedad pacífica y bien organizada no se podría dar en ausencia de Estado.

Lo que hoy llamamos Estado, no es mas que una forma específica de distribuir la organización y los derechos de decisión de los habitantes de un país. El modelo liberal, simplemente propone que las funciones que hoy cumple el Estado, se organicen de otra modo. ¿De que modo? Pues de un modo que sea representativo de los intereses de cada individuo y respetuoso de sus derechos de propiedad, nada más.

Así pues, ¿Cómo se organizaría una sociedad liberal?

La verdad es, que responder a esta pregunta es verdaderamente imposible. No es posible predicir con exactitud los modelos que se tomarían en España, que bien podrían ser muy distintos de los de Francia. Sin embargo, sí que podemos destacar algunas características importantes, que se contraponen al modelo actual.

Descentralización– El modelo liberal, requiere un modelo de decisiones descentralizado. Se formarían mancomunidades y asociaciones de vecinos, y a lo sumo, habría algún órgano que representase al conjunto de los habitantes de la ciudad. Más allá de eso, tiene poco sentido que la gente de Cataluña, tenga que ponerse de acuerdo con el resto de comunidades autónomas a la hora de tomar la mayoría de decisiones.

Un modelo descentralizado ofrece varias ventajas sobre uno más centralizado. Para empezar, el control sobre la calidad de la gestión, es mucho más fácil, al tratarse de núcleos más reducidos. En segunda instancia, los “votantes”, o más bien, aquellos que, por habitar en un sitio, y ser dueños de parte del terreno, tengan derechos de decisión sobre lo que es relevante a ello, tendrían muchos mayores incentivos para actuar de forma activa e informada, siendo el lazo entre sus acciones y los resultados mucho más fuerte que en un sistema centralizado, donde el poder de decisión de cada individuo queda enormemente diluido.

Limitación legal del poder de la administración.- Las acciones de la administración, no pueden estar por encima de la ley, y en ese sentido, sus decisiones tampoco lo pueden estar, siendo siempre respetuosas con los derechos de la gente. Básicamente, las administraciones, son asociaciones voluntarias de personas, y funcionarían en gran parte como una empresa, sin tener la potestad de ir más allá de lo que podría hacer cualquier ciudadano corriente. Se trata simplemte de gente decidiendo sobre su propiedad, y aquello que les incumbe,y poco más, sin tener ningún poder sobre las decisiones de otros sobre su propiedad.

Respeto de la propiedad privada: El respeto de la propiedad, es esencial para el funcionamiento de una sociedad. Sin ella, si que es cierto que nos sumiríamos en el caos. El respeto de la propiedad privada, debería venir además acompañada de un marco legal simple y reducido, que más que establecer leyes, establezca los principios por los cuales se rige la sociedad.

En conclusión, el modelo liberal, simplemente responde de la forma más eficiente la voluntad y necesidades de la gente. Sería la forma “natural” de organizar la sociedad. Hay muchos que creen, que sin un Estado formal, no se perseguirían algunas actividades socialmente deseables. Esta gente, confunde Estado y sociedad. El Estado, es el vehículo que utiliza la sociedad para realizar sus deseos. Así pues, siendo el Estado el que, supuestamente, representa la voluntad de la sociedad, sería raro, por ejemplo, que una sociedad libre no se preocupase por temas como el medio ambiente, la educación, la cultura…  Tan solo se propone una forma distinta de hacerlo, y si la evidencia que nos ofrecen los mercados libres es alguna indicación, sería de esperar que un sistema político libre, por así decirlo, no fuese al igual más eficiente y representativo.

 

 

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